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mayo 2009

  • Perdón, pero no creo que ése sea el futuro.

    Hoy un puñado de monos y yo hemos paseado por la feria del libro de Sevilla. Tema de cartel, Los futuros del libro. Y como ésta es nuestra primera experiencia editorial es bueno ver qué piensan y cómo actúan los que ya están dentro.

    Sin embargo, a pesar de lo que parecía a priori, decepción.
    Decepción por ver que tanto editores como tiendas siguen aferrados al modelo de saturación de estanterías que se está mostrando inútil para conseguir vender libros. Los que están porque hay que estar (fondo bibliográfico de la Universidad o las Consejerías) y sin apenas público, los pequeños stands abarrotados de libros imposibles de consultar, los multipresentes chica que soñaba y crepúsculos…
    Poca diferencia entre tiendas. Poca organización temática. Infinitos libros apretados entre sí con la esperanza de ser vendidos por azar, ya que los puestos visibles los ocupan los cuatro o cinco llamados a ser best sellers.
    El futuro de la edición en papel parece ser forzar más una máquina que ya da signos de fatiga de materiales.

    Y aunque a organizadores y periodistas se les llene la boca hablando del soporte digital y tengan previstos dos días de charlas para hablar de él, aquí no es ya decepción, sino vergüenza ajena.
    En el stand del Centro de estudios andaluces . de la Consejería de Medio ambiente de la Junta de Andalucía sólo había DOS lectores digitales. Como exposición, no para demostración a visitantes. Ninguno más en todo el recinto. Ni siquiera el todopoderoso El corte inglés fue capaz de llevar tres o cuatro ejemplares para venta al público. En la cuarta ciudad más grande del país, el libro digital es una entelequia, un ente abstracto y casi filosófico, intangible, que en verdad no está.

    Estoy convencido de que nuestra simiesca visión del futuro del libro no es la misma que la suya. No vamos a saturar librerías para que sólo gane la distribuidora. Y no vamos a apostar en exclusiva por un supuesto mesías digital desconocido por el público y repudiado por el resto de editores y tenderos.
    La cuestión ahora es saber cómo hacerla realidad sin llegar demasiado pronto o demasiado tarde.

    Gritos en la jungla [3]
  • 1387: Octavo aviso

    En 1388, Juan de Gant, primer Duque de Lancaster y señor hasta el año anterior de Santiago de Compostela, Vigo y Pontevedra, abandonó las aspiraciones de hacerse con el trono de Juan I de Castilla (estaba casado con la infanta Constanza de esa corte) y para demostrar su buena voluntad concedió la mano de su hija Katherine, de 16 años, al hijo menor del rey castellano, Enrique, Príncipe de Asturias, que por entonces era un niño de apenas 9.

    Pero ese matrimonio nunca se pudo celebrar.

    Gritos en la jungla